
… y encontrarlo un poco más allá… sin obsesionarse.
Nos hemos acostumbrado a necesitar hacer miles de cosas para llenar nuestra existencia. Parece que si un día no se ha ocupado con actividades, se ha echado a perder. Pero, en realidad, la cabeza continúa funcionando, los pensamientos fluyen a pesar de la inactividad, las ideas no se han agotado… simplemente nos tomamos un día de reposo y nada más.
La sociedad se acelera cada vez más, la saturación de ofertas nos sobrepasa y caemos en el exceso: ¡queremos hacerlo todo! En cuanto terminamos la jornada laboral, buscamos rápidamente nuevas actividades para "aprovechar" el tiempo libre. Pero, al final, no se trata de otra cosa que sobrecargar de acciones el día. Incluso, a veces, alargamos un día y devoramos parte del siguiente entregados a alguna actividad. Hasta puede suceder que nos empeñemos en cumplir con planes excesivos y, si no lo logramos, acabemos con una sensación de haber invertido demasiado tiempo y esfuerzo para nada. Entonces, ¿dónde está el límite de lo aprovechado y lo desperdiciado?
Por naturaleza, sólo tenemos "obligación real" de encontrar sustento a diario para que el organismo continúe sus procesos regulares, aparte de descansar para que el cuerpo se reponga. Pero nos empeñamos en que "hay que vivir cada día como si fuese el último" y esa idea no puede ser más falsa. No me creo que exista alguien que viva absolutamente todos sus días como si fuesen el último. Es una pura ilusión, a no ser que el concepto de último día para uno sea como uno corriente para el de enfrente, claro.
¡Organización! Yo creo que cada uno tiene un ritmo y que no hay que tratar de ajustarse al que llevan los que nos rodean. Si tu cuerpo, tu caracter y tu mente no necesitan sobrecargarse de actividades a diario, es bueno apostar por más días "desaturados", y no me refiero a encontrar excusas para convertirse en un gandul. Hablo de dosificar las actividades para no acabar cada día frustrado o agotando las fuerzas por un exceso de acción que no necesitamos realmente. Y si no, que le pregunten a todos los que demandan los servicios de un spa para recuperar su equilibrio vital, o a los que abandonan su rutina del gimnasio a la segunda semana porque no llegan al ritmo que se han impuesto.
Querámonos un poco más a nosotros mismos y démonos tiempo para disfrutar plenamente de lo que hacemos: si no puedes abarcar tantas cosas como otros, busca más calidad y menos cantidad de actividades. Y concentra tu energía en preparar, realizar y regocijarte con las buenas sensaciones de hacer algo completamente, para no quedarte a medias en todo. Y si un día, o dos o tres seguidos, no te sientes con fuerzas para acometer algo, date un respiro y aguanta un poco hasta recuperar la energía para abordarlo con verdaderas ganas; los resultados serán mucho mejores.
Desde aquí te animo a que vivas tu día a día de manera que te satisfaga, con tu propio límite y sin sobrecargarte. Concéntrate en las cosas que realmente te interesan (aparte de las "obligatorias") y dedícales el tiempo que necesitas para sentirte a gusto realizándolas, aunque tengas que repartirlas en dos o más jornadas. Créeme, descubrirás el ritmo de la felicidad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario