domingo, 26 de abril de 2009

SE VENDE SISTEMA. RAZÓN: PORTERÍA.



Llevo semanas compartiendo opiniones con amigos acerca del momento que vivimos. Yo tengo una interpretación: intuyo que la crisis es, más que puramente económica, una crisis del sistema capitalista en general. El componente económico es central en ello, lógicamente. Creo que estamos inmersos desde hace unos años en pleno cambio de sistema global. Sólo hay que mirar atrás en la Historia y darse cuenta de que asistimos a otro momento de evolución en ella, aunque nos daba la sensación de que nuestro sistema iba a perdurar décadas y décadas.

En el pasado se dieron situaciones que podían preverse en los años precedentes y que se producían naturalmente, asumidas de antemano y con relativa rapidez; otras explotaron por sorpresa, al ser impensables por no considerarse seriamente algunos factores, sacudiendo desigualmente a todos o a una mayoría; otras se adoptaron lentamente, casi imperceptiblemente, para reconvertir las sociedades en unos años o décadas. Creo que hemos estado siguiendo esta modalidad y que, ahora mismo, debido a sucesos que se han entrecruzado más recientemente, hemos provocado un cambio más brusco que se evidencia en esta crisis. Podríamos salir de ésta, pero me parece que habría que ahondar en las estructuras para plantearse seriamente las cosas que están fallando más de lo esperado.

Las variables que han ido mutando poquito a poco y que parecían inconexas ahora muestran las consecuencias al unísono. Me da la sensación de que atendemos a un momento importante porque la situación tendrá que modificarse para reinventarse el sistema que ya no vale. Si la caída del muro de Berlín en el 89 fue el símbolo de la disolución de las sociedades comunistas, propiciando la soberbia y auto-confianza del opuesto sistema capitalista, a mí se me antoja que el derrumbamiento de las Torres Gemelas en 2001 podría servir simbólicamente como principio de la crisis de dicho sistema. Obviamente, las causas son diferentes y parece una majadería comparar ambos sucesos. Pero en esta época de la Historia en la que lo visual predomina, a mí me da que estas imágenes impactantes y mediatizadas se quedarán grabadas a futuro en la retina, y consecuentemente en la memoria, como imágenes de cambios históricos por el marco en el que se han dado y por lo que ha venido después de ellas. No creo que sea necesario recuperar aquí las reacciones que sucedieron al ataque de las Gemelas y que han propiciado otras acciones a su vez en el sentido contrario. En un mundo actual globalizado no parece que los sucesos puedan quedar inconexos y aislados del resto.
Huelga decir que soy un analista de a pie y que mis conocimientos económicos y sociales no permiten una opinión profesional. No obstante, me siento lo suficientemente osado para relacionar los hechos, como cualquiera que se expresa en público.

Hay factores sociales que han ido creciendo año tras año y que son innegables, a saber: 
- Por una parte, aumenta el abismo evolutivo de unas zonas a otras del mundo, propiciando que las desigualdades provoquen nuevas migraciones y más masivas por la multiplicación del crecimiento de la población mundial, sobre todo en las partes menos favorecidas.
- Por otro lado, la mujer se ha ido incorporando al mundo empresarial de modo continuado en las sociedades a la cabeza y se plantea la decisión de ser o no ser "tan" madre como en las generaciones anteriores. Esto provoca cambios que repercuten en las convenciones familiares que se asumían como naturales hasta hace pocos años y, por extensión, hay reajustes en la misma sociedad que favorecía a los hombres. Mientras, en las sociedades menos desarrolladas se permite que sean ellas "currantas" y madres por igual, y encima con múltiples hijos.
- De otra parte, las empresas, en diferente grado, desvalorizan a su personal más longevo, pre-jubilan o pre-despiden, y se lanzan a por fichajes más jóvenes y menos experimentados, aunque provenientes de un aprendizaje de métodos más actualizados (que serán largados antes de completar su ciclo laboral vital completo, pasando a ser víctimas del mismo sistema que los acogía anteriormente). Las jubilaciones medias no son como para saltar de alegría, máxime cuando se ha ido uno acostumbrando a un consumismo continuado por sistema y, de pronto, hay que replantearse todos los gastos domésticos.
- A pesar de lo anterior, aumenta la esperanza de vida. Pero la actitud social muestra una despreocupación mayor por este sector de la población que alcanza altas edades, pues parece caduco para la mayoría y se les da una consideración mucho menor que antaño. Se pone más atención en el joven. Así, parece que a partir de ciertas edades se busca una identificación o alargamiento de la juventud a base de operaciones "estéticas" y de actitudes "peterpanescas"; no apetece entrar a formar parte de ese sector de los "olvidados" porque parece que ya no eres útil, aunque se ponen todos los medios científicos para que los mayores no nos dejen.
- En nuestro país el paro afecta ya a unidades familiares completas y no sólo a individuos. El descontento se puede compartir así en la mesa de la comida, si es que les queda algo en la despensa. Claro, que si la ayuda estatal cubre esta situación, quizá el desencanto se anestesie un poco.
- Etc.
 
Dejo de enumerar factores porque son cosas que cualquiera puede advertir en su día a día. Parece que hay que considerar que toda la maquinaria del sistema que nos ha sustentado durante años (realmente poco más de un siglo desde la Revolución Industrial), ha marchado a un nivel de exigencia muy alto, así que ya no basta con engrasarlo: "hay que comprarse uno nuevo!" O quizás baste con "tunearlo" y así nos seguirá arropando unos años más. Pero parece que las necesidades de los individuos no quedan cubiertas por los siglos de los siglos con las premisas que mantenemos. Es preciso analizar en profundidad lo que viene pasando desde unos años atrás.

La cuestión de fondo es que el ser humano, con el desarrollo material tan brutal que ha logrado, aún sigue preguntándose por las mismas cuestiones básicas que continúan sin una respuesta certera. El capitalismo nos permite competir por alcanzar un status ideal en el que no caben todos, pues si cupiesen todos nadie querría dejarse los cuernos para mantener a los otros. Pero al llegar a la meta no se encuentra lo que no había en la salida a nivel humano: esas necesidades internas del hombre se compran con mayor facilidad al triunfar, pero lo comprado puede resultar defectuoso y, encima, los disgustos y los batacazos son mucho más gordos. Así, no se asegura que el amor verdadero esté esperando allí, aunque se pueden comprar muchos más "amores"; ni tampoco la felicidad está garantizada, para lograrla hay que poner algo de espíritu y éste se esfuma muchas veces por el camino, bien por la frialdad material adquirida o bien por irse uno literalmente al otro mundo antes de llegar a la meta. Tampoco se consigue la paz, pero se puede comprar un paraíso terrenal o una isla remotos donde no te molesta nadie; claro, que tampoco me salen los cálculos si trato de dividir las hectáreas de tierras habitables entre los billones de habitantes del planeta. Bueno, el sistema no pretende admitir a todos, aunque tampoco son todos los que quieren participar del sistema. Pero como los países que "dirigen" la marcha del mundo en su mayoría están adheridos a este capitalismo, parece que hay más bienestar en ellos y más gente quiere construir su vida en ellos.

Actualmente hemos enfermado de gravedad. Necesitamos recuperarnos de un atracón de malas gestiones en diferentes puntos, uno de ellos el hasta ahora "cerebro" que ideó el sistema y que ha provocado una somatización en otros puntos. Si parecían crecer los beneficios en tiempos de marcha regular, también se multiplican los malestares en tiempos de marcha irregular. Es lo que tiene.
Hay una frase salida de un cómic pero no por ello despreciable: "un gran poder conlleva una gran responsabilidad". Esto ocurre igualmente fuera de la ficción, si en este sistema escalamos y competimos para estar por encima del resto también debemos saber que nuestras acciones desde lo alto tienen mayores consecuencias, para bien o para mal; por eso hay que tener una buena cabeza para ocupar esos puestos de vértigo. Sólo apuntar a los desórdenes climáticos acelerados por un mal uso de la responsabilidad.

Toda esta reflexión casera no pretende dar soluciones, pues si no las tiene ni el mismísimo último mesías, llamado Obama, no pretenderé darlas yo. Pero parece que hay personas que han olvidado que están inmersas en una Historia que discurre y que necesita circular con los componentes de cada momento, siempre hacia adelante. Así, que en vez de llevarnos las manos a la cabeza asustados por lo que puede pasar, mejor llevemos la cabeza a las manos para ponernos a construir lo mejor posible un modelo siguiente. Algunas piezas del modelo caduco seguirán valiendo, pero otras habrá que pensarlas desde el principio porque salieron mal de fábrica y provocaron un mal funcionamiento del conjunto.
Realmente es una tarea compleja, hay muchos factores involucrados, algunos incluso imperceptibles por el común pero no por ello menos relevantes. Pero a la altura de la película en que nos encontramos y observando que la organización de los elementos, a la larga, no está resultando tan correcta como se suponía al establecerse este sistema, más vale asumir que se necesita un cambio de estructuras y que somos nosotros los que tenemos que involucrarnos en ello para no entregarnos al libre albedrío de los hechos. Hay consecuencias no positivas de la aplicación del sistema actual que se hacen cada día más evidentes y que piden a gritos un replanteamiento. El siglo XX ha sido más acelerado en evolución que los anteriores, por eso los cambios han sido más continuados que en otros períodos históricos. Aunque es lógico temer por correr un nuevo riesgo, la evolución histórica de la humanidad nos muestra contínuamente el replanteamiento de las estructuras de las sucesivas civilizaciones, cambiándose costumbres, métodos de organización social y demás. Entraban en juego nuevos sistemas de funcionamiento, algunos duraban sólo unas décadas y otros permanecían siglos enteros. Los cambios perjudicaban y favorecían de diferente forma a cada grupo social, eso mismo se está produciendo ahora. Nuestro cambio actual debería remover cimientos porque hemos acelerado la evolución y han variado diversos factores respecto al siglo pasado. Deberíamos ser plenamente conscientes de que esto está ocurriendo, que nos está tocando vivirlo aquí y ahora. Durante el siglo XX ya hemos asistido a pequeñas modificaciones dentro del sistema. Ahora parece necesario algo más potente porque los participantes han aumentado y han introducido factores nuevos. Claro, que los sucesos a gran escala no se piensan y se ponen en marcha así, a capricho. Pero más vale estar al quite de lo que esté por llegar y afrontarlo.

Para terminar este batiburrillo de reflexiones al hilo de la crisis presente, no olvidemos que en lo básico nuestra existencia se resume en nacer, reproducirse y morir; es decir, que todo lo que hacemos desde que entramos en el mundo es innecesario para cumplir con las leyes superiores de la vida. Nos complicamos la existencia por mero capricho. Hay que empezar a asumir que vivir es algo menos barroco de lo que nos hemos acostumbrado. La crisis puede ser positiva en el sentido de devolver la razón a los que han enloquecido por la ambición desmedida. Creo que urge una nueva corriente humanista que propulse un replanteamiento de la jerarquía de valores que existen actualmente. Pero el ser humano es tan diverso, complejo y repetitivo en los errores que no estoy seguro de que esto sea asumido en esta nueva baza de la Historia. Sin embargo, puede iluminar a muchos para plantearse sus acciones planificadas automáticamente para no desentonar en el conjunto y propiciar un cambio desde dentro de cada humano. Después de todo, la inteligencia existe para utilizarla y las situaciones complicadas son lo más adecuado para desarrollarla. O así ha sido desde que el hombre es hombre.

domingo, 19 de abril de 2009


(Ilustración propia)

Corren tiempos duros para el amor. Las vidas personales se tornan cada vez más personales, ya escasean las almas deseosas de perderse en el magnetismo de un beso cálido o de entregarse a la ternura de un abrazo envolvente. Cada día parece que nos enfriamos más y más. Los que aún están dispuestos a amar se topan con témpanos egoístas que les absorben toda la ilusión. Da la sensación de que nos volvemos más huraños, extraños o distantes. No acabamos de entendernos y ¡plaf, ahí te mueras!
Es triste escuchar historias alrededor sobre personas derrumbadas que se reconstruyen y recobran la capacidad de amor para ser de nuevo demolidas por el primer destructor que se cruza por delante. ¿Es que acaso nos hemos vuelto más malos o más insensibles? ¿no era esta la sociedad de la comunicación? ¿estamos mutando hacia una nueva especie que se aleja de la original? Vale, todo esto parece un grito pesimista y desesperanzado, alejado quizá de la realidad de otros tantos. Hay de seguro millones de corazones calientes que se han encontrado y caminan hechizados el uno por el otro; pero no dejo de pensar en que pueda ser una minoría…

El entorno tecnológico nos permite tocar virtualmente a seres lejanos que tememos encontrar por si se rompe la imagen idílica que construimos en la mente; la televisión nos grita en la voz de una mujer que narra sus desdichas descorazonadoras; los periódicos explican con todos los detalles por qué aquel hombre acuchilló a su esposa tras treinta años de matrimonio; las encuestas delatan que las parejas divorciadas comen terreno a las felizmente casadas; suma y sigue…
Bien, pues desde lo más profundo del corazón de un optimista obcecado reto a que cada uno de nosotros nos rebelemos contra el individualismo. Volvamos a depositar nuestra confianza en las enormes posibilidades que ofrece otra persona. Neguémonos a cerrar por más tiempo las ventanas del corazón y corramos el riesgo de enamorarnos hasta las trancas. Creo que lo vamos a necesitar con los tiempos que se avecinan.

Nos hemos dejado llevar por la codicia de acumular, hemos sustituido el afecto personal por el contacto con objetos que distraen nuestra mente y absorben nuestro tiempo. Todo un universo inimaginable de ocio nos recibe para alcanzar la supuesta felicidad… pero en el último instante descubrimos que algo falla, la humanidad ausente…
Así, que un menda que trabajó anteriormente en el mismo sentido unipersonal, os lanza una llamada a renunciar poco a poco a la comodidad y a abrir los sentidos para amar a los que os rodean. No dejéis de renunciar a buscar los detalles hermosos en vuestros novios, novias, esposos, esposas, amigos, amigas, compañeros y compañeras. Observad con atención ese brillo tan especial que un día os sedujo y haced que vuelva a ser importante. Disfrutad con esas pequeñas cosas que os deleitaban cuando saltó la chispa. Mantened el calor vivo porque, si no, corréis el riesgo de encontraros un día que os olvidásteis de amar y vuestra existencia os podría parecer de golpe vacía.

Yo sólo me sentí verdaderamente enamorado una vez en la vida. Maldije poco después a Cupido por lanzarme la flecha incorrecta que me hizo perder los sentidos por un amor imposible, aunque era bien cercano. El corazón se me heló una larga temporada, era el efecto de la no correspondencia. Pensé que no volvería a caer. Ahora que el tiempo cerró ese desengaño cicatrizándolo, vuelvo a confiar en el buen futuro y grito: ¡Viva el amor!
Creo que tan sólo con poner un poquito de sinceridad en el corazón se puede conseguir un montón de riqueza.

Reproduzco aquí unos deseos que salieron de mí hace bien poco, cuando amé y me dejé querer la última vez y confié en un corazón sincero. Ahora hay distancia física, pero el hilo no se ha destruido. Esto lo escribí para una amiga que sentía el amor vivo al mismo tiempo que yo:

"Los ángeles del cielo nos envían sus regalos desinteresados y no creo que debamos usar la razón… corazón loco, corazón tierno, corre y corre, acelera tu latido y hazme sentir vivo, dame un respiro para poder admirar lo que es extraño a la razón y que en otro tiempo no sería lo correcto… pero vuelve a latir con pasión para que toda mi electricidad ilumine el espectro que me cubre desde aquí hasta el más allá… y desintégrame con ritmo magnético en un beso de colores vivos… eterno, invisible, inolvidable…
La magia seguirá mientras el truco sea secreto… cuando el encantamiento se rompa espero guardar el recuerdo dulce e inocente de todo lo que fue y será en aquel remoto país de un tiempo lejano… vida, ¡qué imprescindible te tornas en los momentos más perdidos!… a despertar, a despertar, que la cordura quiere reinar.
Brindo por ti, brindo por mí, brindo por todo lo que el corazón puede contar cuando se le deja expresar…"

Y cierro esta reflexión con un recuerdo a una sencilla canción que siempre anima a bailar y que suena como palabras mágicas cuando parece que todo es una mierda: "Love is in the air, everywhere I look around. Love is in the air, every sight and every sound. And I don't know if I'm being foolished, don't know if I'm being wise, but there's something that I must believe in and it's there when I look in your eyes…"*

Y mientras existan conexiones mágicas en los momentos más inesperados, la vida sigue siendo una maravilla: no time, no space. A disfrutar de los regalos del destino!!!

*http://www.youtube.com/watch?v=NNC0kIzM1Fo

sábado, 11 de abril de 2009

VOLVER A EMPEZAR

11 es un número que me ha perseguido en los últimos meses. Y si algo en esta vida es tan insistente, debe de poseer algún significado más allá del mero concepto que representa. Y así, es en 11 que comienzo este blog, como si fuese una segunda oportunidad: el 1 que sigue al 1, en lugar de un 2, que implicaría un cambio de forma. No, yo sigo siendo el mismo pero recomenzando, esa es la cuestión: soy un nuevo 1.

Acabo de regresar de un periplo por las antípodas de seis meses. La vida ha sido deliciosa, habiendo empalmado un periodo de primavera-verano boreal con otro de primavera-verano austral y regresando ahora a vivir de nuevo otros primavera-verano boreales. El sol es una fuerza impresionante de vida y por eso me da motor en este final de década con un telón de fondo en crisis occidental que repercute a nivel global.
No es la primera vez que me toca volver a empezar. Hace ya 10 años tuve un primer "re-comienzo" y es por ello que no me siento temeroso. Creo que es bueno en esta vida quemarlo todo alguna vez y volver a empezar. Y si lo haces dos veces, te purificas más aún.

Vivimos tiempos de materialismo puro, luchamos y trabajamos por construir un entorno personal que nos permita "disfrutar" de un prometido bienestar. Pero lo que hacemos realmente es acomodarnos, envejecer tratando de instalarnos en una casilla espacio-temporal desde la que "controlar" al máximo posible nuestros movimientos. Y lo que ocurre entonces es que vamos cerrando puertas y limitando nuestras opciones, paradójicamente. Porque la lógica nos indica que cuanto más tenemos más podemos hacer. No lo creo así. Aunque el capital acumulado dé mayor margen de movimiento, el temor a los hurtos, el deseo de no mezclarse con gente de "baja condición", la creciente necesidad de seguridad, etc, aumentan el aislamiento del mundo "real". Es decir, que si alcanzamos un status algo superior, empezamos a movernos en otro estadio de la realidad, un tanto pre-fabricado para no contactar con el sub-mundo que hay por debajo de ese paraíso a nivel supranacional.
La libertad de decidir cuándo romper con la vida encarrilada y de moverse con mayor tranquilidad por el mundo no tiene precio. Dejar una vida insatisfactoria por tratar de disfrutar de otra realidad presente es un reto que no debe dejarse pasar sólo por temor a las consecuencias calculadas.

Yo he roto por segunda vez con mi vida lineal, he corrido el riesgo de dejar un sendero de ascensión para tomar un camino diferente. No sé lo que me deparará el futuro, pero sí sé que no hay lugar para el arrepentimiento de los movimientos ejecutados. El instinto de vivir a ras de realidad parece ser más intenso que el de vivir en las nubes de un Olimpo creado por hombres materialistas, es una realidad personal.

Animo a todo el que vacila sobre la utilidad de su vida presente insatisfactoria a que pise el freno y se baje a disfrutar de lo que de otro modo quedaría en un sueño eterno. Cuanto antes se hace, menor es el camino equivocado recorrido y mayor es la satisfacción plena que se alcanza internamente. Después de todo, la vida es una y la finalidad es crecer por dentro para dar sentido a nuestra humanidad. Así lo creo.